El cambio es oportunidad

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estas alturas de la humanidad, ya no cabe duda alguna para nadie que estamos viviendo un mundo que cambió. Un cambio que se expresa a través de diversas dimensiones y que influye en la manera cómo comprendemos y vivimos en esta sociedad. Desde la literatura actual – que estudia el cambio – se dice que este tiene su origen en el fenómeno de la globalización. Una realidad creciente originada en profundas transformaciones deja entrever nuevas realidades y, también, nuevas demandas sociales y científicas que terminaron acuñando una mentalidad que expresa abiertamente, que estamos en otra época de la historia, dándosele un nombre concreto: “la sociedad del conocimiento”.

Por tanto, en la perspectiva del servicio público, la globalización también ha afectado su desarrollo. Se genera así una relación interdependiente entre la globalización, la sociedad del conocimiento y el servicio público, comprendida esta última como la acción, institución o prestación promovida por el Estado para garantizar la igualdad entre los ciudadanos, sus derechos y sus deberes.

En este contexto, valoramos las características que la sociedad del conocimiento tiene. Se trata de la ausencia de fronteras (el conocimiento viaja sin ninguna restricción), la existencia de una movilidad ascendente (es fácil adquirir educación) y los medios de producción están a la mano de todos (se requiere siempre el conocimiento para desarrollar la tarea). Todo esto atravesado, impregnado, por los desarrollos digitales que el Internet y la inteligencia artificial que permiten que esta “sociedad de la nueva economía” pueda ser cada vez más productiva, competitiva e innovadora.

Esto incluye el contexto de economías que cambian rápidamente, nuevos modos de trabajo, desarrollos tecnológicos, tendencias demográficas, consumo masivo, aumento de la movilidad y la migración, así como amenazas sociales y ambientales y diversas formas de conflicto. También se hará hincapié en la revolución digital, incluida la aparición de la inteligencia artificial, el auge de la educación y la formación basadas en la web y los desarrollos de big data, que están alterando todos los aspectos de la vida y el trabajo.

Asumidas las características del cambio de la sociedad actual y, en relación con la educación superior, se resalta que esta misma resulta tocada, interpelada, por esta nueva sociedad en varios aspectos. La educación superior tiene un impacto y a su vez, es impactada por esta revolución. Uno de los aspectos tiene que ver con la mirada que la sociedad tiene de las Instituciones de Educación Superior (IES). Se exige de estas mayor calidad, investigación, cobertura y proyección social.

También se demanda mayor logro en la investigación aplicada, en la formación de alto nivel, equidad social y articulación con el sector productivo. Se evidencia que las IES deben vivir en tensión constante para dar las mejores respuestas exigidas por estos cambios en la manera de producir y trabajar. Se exigen personas con competencias y conocimientos desarrollados, capaces de interactuar con nuevos modelos de gestión, producción y comercialización. De allí que el paradigma tradicional de formación ya no es el que se requiere para formar a esos trabajadores del presente histórico de la sociedad del conocimiento. La diversificación abierta en la institucionalidad de la generación de conocimiento permite que la hegemonía de la IES tienda a diluirse, y surjan otras formas de generar el conocimiento que requiere la sociedad compitiendo en calidad y desarrollo.

Se exige a las IES también los cambios evidenciados en la internacionalización de su quehacer misional, en la actualización constante de sus planes curriculares y en sus propuestas de programas académicos.

COLUMNISTA INVITADO

P. Harold Castilla DevozRector General de Uniminuto